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Más allá del código

Quién soy lejos del teclado: las carreteras, los libros y la música que me mantienen curioso, y que dan forma a mi manera de trabajar más de lo que parece.

Motocicletas

Dos ruedas, carreteras de montaña y la concentración que exige una buena curva. Los carros también, pero primero las motos.

Las motocicletas han sido una pasión desde que tengo memoria. Los carros también, pero un carro te lleva; una moto te pide que participes.

Manejar es el momento en el que más presente estoy. Una carretera de montaña no deja espacio para un pensamiento suelto: la línea de entrada a la curva, el momento de frenar, hacia dónde mirar, cuánto inclinarse. Se parece mucho a un problema difícil en el trabajo, solo que con más ruido y mejor vista.

También me enseñó algunas cosas que me llevo al teclado: prepararse antes de empezar, respetar lo que no controlas y nunca confundir confianza con habilidad.

Lectura

Leo filosofía y física teórica: libros que preguntan qué somos, cómo deberíamos vivir y cómo funciona el universo.

Leo para entender dos cosas que nunca entenderé del todo: a nosotros mismos y al universo.

En un estante están los estoicos, Séneca, Epicteto y Marco Aurelio, junto a Kant, Dostoievski, Foucault y Borges: cómo vivir, cómo pensar y qué nos hacen el poder y la sociedad. En el otro, la relatividad general de Einstein, Stephen Hawking y Kip Thorne: agujeros negros, el espacio-tiempo y la extraña idea de que el universo pueda entenderse.

Los dos se encuentran más seguido de lo que parece. Ambos parten de una pregunta que suena sencilla y resulta no serlo, y ambos premian más la paciencia que la astucia. Parte de lo que me enseñaron terminó en los ensayos de abajo.

Desde el blog

Salsa

Ritmo, conexión con la pareja y horas de práctica, al son de la música caribeña.

La salsa es donde apago el lado analítico y dejo que la música mande. Primero es ritmo, luego técnica y, sobre todo, conexión: un buen baile es una conversación entre dos personas sin una sola palabra.

También es práctica, mucha. La misma vuelta cien veces hasta que deja de ser algo que piensas y se vuelve algo que sientes. Esa paciencia con lo básico es algo que el código y el baile tienen en común.

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