Las motocicletas han sido una pasión desde que tengo memoria. Los carros también, pero un carro te lleva; una moto te pide que participes.
Manejar es el momento en el que más presente estoy. Una carretera de montaña no deja espacio para un pensamiento suelto: la línea de entrada a la curva, el momento de frenar, hacia dónde mirar, cuánto inclinarse. Se parece mucho a un problema difícil en el trabajo, solo que con más ruido y mejor vista.
También me enseñó algunas cosas que me llevo al teclado: prepararse antes de empezar, respetar lo que no controlas y nunca confundir confianza con habilidad.